hace 4 días
Kioto suele evocarnos imágenes de jardines zen, geishas y templos dorados. Sin embargo, en el distrito de Higashiyama, a la sombra de grandes santuarios, se esconde un montículo de piedra cubierto de hierba que narra uno de los capítulos más oscuros y sangrientos de la historia de Japón: el Mimizuka (耳塚) o "Túmulo de las Orejas".
Este lugar no es solo un monumento; es la cicatriz física de la megalomanía de un hombre, Toyotomi Hideyoshi, y su sueño fallido de conquistar Asia. Hoy desenterramos la historia que conecta este túmulo, el majestuoso templo Hoko-ji y la guerra que enfrentó a los samuráis contra Corea y la dinastía Ming.
El Gran Unificador y su sueño continental
Para entender por qué existen miles de narices enterradas en Kioto, debemos retroceder al siglo XVI. Toyotomi Hideyoshi, el segundo "Gran Unificador" de Japón, había logrado lo imposible: pacificar el país tras el caos del periodo Sengoku. Pero su ambición no conocía fronteras insulares.

Hideyoshi soñaba con dominar China (la Dinastía Ming). Para ello, exigió paso libre a través de la península de Corea. Ante la negativa de la dinastía Joseon, Hideyoshi lanzó las invasiones de Corea (1592-1598), conocidas como la Guerra Imjin.
La logística del horror: ¿Por qué narices?
La guerra fue brutal. Los samuráis, entrenados en el código del honor pero también en la eficiencia letal, tenían la costumbre de cortar las cabezas de los enemigos abatidos como prueba de valor y para recibir recompensas de sus Daimyo (señores feudales).
Sin embargo, la logística de transportar miles de cabezas a través del mar desde Corea hasta Japón se volvió imposible. El espacio en los barcos era limitado y la descomposición un problema. Se emitió entonces una orden escalofriante: cortar solo las narices (y a veces las orejas). Estas eran conservadas en barriles con sal y enviadas a Kioto como contabilidad macabra de la guerra.
Mimizuka: El monumento a las 70.000 (y más) almas
Aunque la solicitud menciona 70.000, los registros históricos varían, estimando que el Mimizuka podría albergar los restos cercenados de al menos 38.000 personas (soldados coreanos y chinos, pero también civiles). Originalmente llamado Hanazuka (Túmulo de las Narices), el nombre se cambió a Mimizuka (Túmulo de las Orejas) por sonar, supuestamente, más "suave" o eufónico.

El montículo fue consagrado el 28 de septiembre de 1597. Irónicamente, Hideyoshi ordenó que se realizaran ritos budistas para consolar a los espíritus de los muertos, una mezcla desconcertante de crueldad bélica y piedad religiosa típica de la época.
Hoy en día, el túmulo es un lugar silencioso, rematado por una estupa de piedra (gorintō), y es un sitio de peregrinación frecuente para ciudadanos coreanos que vienen a honrar a sus ancestros.
Hoko-ji: El sueño del Gran Buda
Justo al lado del Mimizuka se encuentra el Templo Hoko-ji. Hideyoshi lo construyó con la intención de albergar una estatua de Buda gigantesca, más grande incluso que la del Templo Todai-ji en Nara, para mostrar su poder.
Aunque el Gran Buda original fue destruido por terremotos e incendios (y fundido posteriormente), el templo conserva una pieza clave de la historia: la gran campana de bronce (Bonsho).
La campana que acabó con un clan
Esta campana es famosa no por su sonido, sino por su inscripción. Tras la muerte de Hideyoshi, su hijo Hideyori intentó restaurar el templo. En la campana se grabó la frase "Kokka Ankō" (国家安康), que significa "Paz y tranquilidad para la nación".

Tokugawa Ieyasu, el rival que buscaba destronar al clan Toyotomi, interpretó maliciosamente esta inscripción. Alegó que los caracteres de su nombre (Ieyasu - 家康) estaban separados por el carácter de "paz", lo que implicaba que la paz solo llegaría si Ieyasu era desmembrado. Este pretexto absurdo fue la chispa que encendió el Sitio de Osaka, llevando al exterminio del clan Toyotomi y al inicio del shogunato Tokugawa.
Toyokuni-jinja: La deificación de Hideyoshi
Para cerrar el triángulo histórico, adyacente al Hoko-ji y al Mimizuka, se encuentra el Santuario Toyokuni (Toyokuni-jinja).

Tras su muerte, Hideyoshi fue elevado al estatus de Kami (deidad sintoísta) bajo el nombre de Toyokuni Daimyojin. Este santuario es su lugar de descanso espiritual. Destaca su impresionante puerta Karamon, un Tesoro Nacional que, según la leyenda, fue traída desde el Castillo Fushimi.
Visitar estos tres lugares —el túmulo de las víctimas, el templo de la ambición fallida y el santuario del conquistador— ofrece una visión de 360 grados sobre la figura más compleja del Japón feudal. Es un recordatorio de que la belleza de Kioto se construyó, a veces, sobre cimientos muy oscuros.
¿Cómo llegar?
Desde la estación de Kioto, puedes tomar el autobús 100, 206 o 208 y bajar en la parada Hakubutsukan Sanjusangendo-mae. El Mimizuka está a pocos minutos a pie, justo enfrente del parque del Santuario Toyokuni.

Deja una respuesta